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Matrimonios
por Dote
Cada año son asesinadas en la India unas 25.000 mujeres
por cuestiones relacionadas con la dote. Muchas más
quedan mutiladas o gravemente heridas. Otros muchos
delitos contra las mujeres y consecuencias deplorables
son causadas o favorecidas por la institución de la
dote, tales como los suicidios forzados de mujeres,
las violaciones, torturas físicas y psíquicas, violencia
doméstica, el infanticidio de niñas, los abortos selectivos,
extorsiones, abandono y descuido de niñas y otras
formas de opresión y marginación de las mujeres.Esta multifacética
violencia contra las mujeres se extiende
cada vez más en la India. Las autoridades y las
diferentes instituciones del estado no combaten
esta lacra con eficacia, y en algunos casos la corrupción,
los sobornos o simplemente la mentalidad misógina
y sexista permiten que esta violencia quede, en
la gran mayoría de los casos, sin castigo. Las costumbres
y tradiciones hacen el resto en el seno mismo de
la sociedad. |
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La
dote, o dahej, es el pago en dinero y/o
especies que la familia de la novia o esposa hace
a la familia del novio o marido como aportación
al matrimonio.
Es una costumbre profundamente arraigada en la
sociedad india y que, lejos de desaparecer, se
ha ido extendiendo a sectores sociales que, como
los musulmanes, no la practicaban. Aunque en principio
la dote se entrega en el kanyadaan, la
ceremonia de entrega de la novia al novio, en
muchos casos la familia del novio sigue exigiendo
dinero y bienes a la familia de la novia después
de la boda, incluso durante mucho tiempo después
del matrimonio.
La dote
suele consistir en dinero, a veces grandes cantidades
de dinero que alcanzan los 130.000 euros. También
incluye bienes y propiedades de todo tipo: vehículos,
ropa, joyas, muebles, frigoríficos, microondas,
bicicletas y todo tipo de artículos para el hogar,
así como los gastos de la boda y de la luna de
miel. Según la tradición, la dote es lo que la
mujer aporta al matrimonio. ¿Por qué ha de ser
la mujer y no el hombre quien aporte dinero y
bienes al matrimonio?. También existe el “precio
de la novia”, que consiste en la entrega de dinero
y bienes a la novia por parte de la familia del
novio, pero esta tradición no está extendida como
lo está la dote y, desde luego, no tiene las gravísimas
consecuencias sociales que esta última acarrea.
No
parece haber unanimidad entre los investigadores.
Algunos señalan que la dote se originó entre las
familias de las castas superiores de la India
como regalo de bodas a la novia por parte de sus
padres. La dote sería algo así como un seguro
en el caso de que la familia del novio le maltratara
o marginara.
Según
esta tesis, puesto que la mujer siempre iba a
vivir con la familia del marido, la dote permitía
a la esposa ser miembro de pleno derecho de su
nueva familia, de la que entraría a formar parte
con su propio patrimonio, ya que, según la tradición,
solo los varones podían heredar. De alguna forma,
la dote sería un sustituto de la herencia. Otros
piensan, sin embargo, que la dote era la aportación
que la familia de la novia debía hacer para compensar
a la familia del novio por la carga que suponía
su mantenimiento de por vida. Se suponía que la
mujer no trabajaría y, por lo tanto, no procuraría
ingresos a su nueva familia, representando, en
términos absolutos, una pesada carga económica.
Parece que la costumbre de la dote, al igual que
la del precio de la novia, es posterior a la institución
de la monogamia. Según algunos historiadores,
una vez que se abandonó la promiscuidad, las desproporciones
demográficas de género explicarían bien la poligamia,
bien la poliandria, según los casos. La poligamia,
en concreto, podría estar en el origen de la dote,
como un precio establecido por el hombre y su
familia a la familia de la mujer. Asimismo, el
“precio de la novia” podría haber nacido en el
contexto de sociedades poliándricas.
Factores
históricos específicos de la India habrían favorecido
el desarrollo de estas instituciones. Algunos
creen que la naturaleza endogámica del sistema
de castas ayuda a explicar la amplitud de la dote
y, en menor medida, del precio de la novia. Este
último habría sido predominante entre los grupos
tribales, los vaishyas y los shudras.
Los vaishyas, que representan alrededor
del 30–35 por ciento de la población, son campesinos,
artesanos, comerciantes y burgueses, mientras
que los shudras, un 50–60 por ciento
de la población, son pequeños campesinos, trabajadores
y siervos. En los tiempos antiguos, los vaishyas
y los shudras desempeñaban la mayor parte
de los trabajos físicos y serviles. La entrada
de la novia en la familia significaba más brazos
para trabajar y, en consecuencia, más ingresos.
Correlativamente, la familia de la novia perdía
una fuente de ingresos y, en consecuencia, recibía
el “precio de la novia” como compensación.
La dote,
por su parte, era costumbre entre la casta de
los brahmanes y de los kshatriyas.
Los primeros conforman la casta sacerdotal, un
escaso 3 por ciento de la población que se sitúa
en la cumbre de la jerarquía del sistema de castas,
y en la actualidad se encuentran, en su mayor
parte, en la administración y en la enseñanza.
Los kshatriyas son los guerreros. Ni
unos ni otros realizaban trabajos físicos y la
nueva esposa, en el sistema endogámico de las
castas, significaba una boca más que alimentar.
De ahí que, entre estas castas, predominara la
institución de la dote, es decir, una compensación
económica que la familia de la novia entregaba
a la del novio.
Habría
que estudiar, no obstante, cómo trastocó el gobierno
colonial británico las estructuras sociales indias
al introducir la economía capitalista en un país
con un sistema de castas completamente disfuncional
para ese tipo de economía. ¿Cuáles fueron las
consecuencias que tuvo esta transformación para
el desarrollo de la dote? Cuando menos, se puede
decir que amplios sectores de la sociedad india
se han endeudado, pauperizado y situado en una
condición marginal que antes no tenían. Tal vez
la dote represente para estos sectores una forma
“fácil” de obtener ingresos y bienes de consumo.
Si una esposa es un medio para obtener dinero,
propiedades y bienes de consumo, emerge una pregunta
terrible e inquietante: ¿por qué no casarse más
de una vez? ¿Por qué no tener más de una esposa?
Cuantas más esposas, más dinero…
En un
contexto monogámico, esta terrible lógica parece
estar detrás de la gran cantidad de asesinatos
de esposas que se producen en la India. Las exigencias
de la familia del marido no se detienen el día
de la boda, sino que continúan también después.
La mujer que ya vive con la familia de su marido,
es objeto de todo tipo de presiones, malos tratos
y torturas físicas y psicológicas, incluso violaciones,
como forma de chantaje a que se ven sometidos
sus padres para seguir pagando una dote interminable.
Cuando estos no acceden a los deseos de la familia
del marido, es la vida misma de la mujer la que
corre peligro. Muchas mujeres son asesinadas.
Han dejado de ser útiles medios de extorsión.
Ranjana
Kumari, que dirige siete refugios para mujeres
maltratadas en Delhi, cree que hay unos 70 casos
de homicidios al mes relacionados con la dote.
«A veces, las mujeres son torturadas con el fin
de conseguir más dinero de sus familias y, en
casos extremos, son asesinadas. Luego, el esposo
queda libre para volver a casarse y obtener otra
dote» (Ash
2003b).
La forma más frecuente de homicidio consiste en
rociar a la mujer con queroseno en la cocina y
prender fuego a sus ropas. Los hechos serán presentados
como un “accidente de cocina”, tal y como constan
en los registros policiales. Otras veces, la versión
de los homicidas dirá que se ha tratado de un
suicidio. En ocasiones, ciertamente, la mujer
termina suicidándose para librarse del infierno
de los malos tratos y las torturas. Solo en Delhi,
muere una mujer por quemaduras cada doce horas.
Los asesinatos de mujeres
relacionados con la dote son cada vez más numerosos
en la India.
Según las estadísticas oficiales, los crímenes
por la dote se han multiplicado por quince en
diez años, desde mediados de los 80 hasta mediados
de los 90 (Hitchcock
2001). En 1988 murieron 2.209 mujeres por
causas relacionadas con la dote; en 1990, esa
cifra se elevó a 4.835 y a 5.377 en 1993. En noviembre
de 2002 el gobierno reconoció que unas 6.000 mujeres
mueren cada año por estas causas (Indianchild.com;
Reddy 2002). Muchas más resultan mutiladas
y gravemente heridas.
Sin embargo, las cifras reales son mucho más dramáticas.
La aplastante mayoría de los casos de asesinato
son registrados por la policía como “accidentes”
o como suicidios. Un grupo de mujeres llamado
Vimochana, con sede en Bangalore, estima
que cada día llegan a la unidad de quemados del
hospital Victoria de la ciudad entre tres y cinco
mujeres con quemaduras graves (India
Times). Con estos y otros datos, los grupos
que luchan contra la dote en la India estiman
que se están produciendo 25.000 o más víctimas
mortales al año relacionadas con la dote (Reddy
2002;
Thakur 1999).
Las razones
de que las cifras oficiales subestimen el alcance
real de los homicidios por la dote y de la violencia
contra las mujeres en general son varias. Como
en la mayoría de los países del mundo, las mujeres
son reacias a denunciar ante la policía las amenazas
y abusos de que son objeto por temor a las represalias
contra ellas y sus familias. En la India se añaden
algunos factores adicionales. Cualquier intento
de que la policía investigue una disputa por la
dote puede ocasionar que los miembros de la familia
de la mujer sean sometidos a investigación penal
y corran el riesgo de ser encarcelados. Como veremos
[aquí], una ley de 1961 establece que tanto
quienes reciben como quienes entregan dote pueden
ser procesados.
En los
casos concretos de muerte, los testimonios del
marido y de sus familiares son, con frecuencia,
los únicos que la policía toma en cuenta para
determinar si abre o no una investigación. De
ahí el alto porcentaje de “accidentes” que figura
en los registros policiales como causa de muerte
de mujeres. En Delhi, por ejemplo, el 90 por ciento
de los casos de mujeres quemadas es registrado
como accidentes, el 3 por ciento como suicidios
y solo un 5 por ciento es catalogado como homicidios.
De los 1.133 casos de “muertes no naturales” de
mujeres acaecidos en Bangalore en 1997, solo 157
fueron tratados como asesinatos y 430 como “accidentes”.
Según una activista de Vimochana, «de los 550
casos reportados entre enero y septiembre de 1997,
el 71 por ciento fueron descartados como “accidentes
de cocina” y “explosiones de hornillos” después
de que se realizaran las investigaciones» (Hitchcock
2001).
Las cifras
citadas por la revista Frontline son una muestra
de lo que puede esperarse de los tribunales, incluso
en los casos en que ha quedado establecido que
se trató de homicidios. En agosto de 1998, había
1.600 casos pendientes en el único tribunal especial
de Bangalore que se ocupa de las alegaciones de
violencia contra las mujeres. Ese mismo año se
crearon otros tres tribunales para ocuparse de
la gran cantidad de denuncias, que solo quedarán
resueltas después de seis o siete años. De los
730 casos pendientes en el mencionado tribunal
a finales de 1998, 58 fueron desestimados y solo
11 dieron lugar a alguna condena. A finales de
junio de 1999, de los 381 casos pendientes, 51
fueron desestimados y solo ocho terminaron con
alguna condena (Hitchcock
2001).
Este panorama
de actuaciones policiales y judiciales no conforma,
precisamente, una situación que estimule a las
mujeres y a sus familias a denunciar los casos
de violencia y de muerte. Es vox populi
que muchos policías y jueces están corruptos y
aceptan sobornos. La misma jurisprudencia no parece
tener muy claro lo que debe hacerse en estos casos.
En 2003, la Corte Superior de Delhi estableció
que los delitos relacionados con la dote deben
ser arreglados entre las partes en aquellos casos
en los que no se hayan producido lesiones. Para
consternación de las activistas que han estado
luchando durante años para que la dote sea considerada
como una extorsión o chantaje, la corte observó
que las leyes anti–dote no solo eran excesivamente
estrictas, sino que se prestaban a abusos y «socavan
las bases de la institución del matrimonio» (Devraj
2003).
Por último,
la mentalidad, las tradiciones y la presión social
tampoco ayudan a que las víctimas y sus familiares
denuncien y luchen contra esta lacra. Como institución
centenaria, la dote va acompañada de “sanciones”
o estigmas sociales contra aquellas personas que
se salgan de la norma. Es terrible que algunos
padres —tal vez la mayoría— prefieran ver a sus
hijas muertas antes que tener que aceptarlas de
vuelta a casa y cargar con el estigma de tener
una hija que ha sido rechazada o está divorciada.
Pero más terrible aún es que el marido asesino
reciba ofertas de una nueva esposa entre las hermanas
de la muerta, pues la comunidad no solo piensa
que la muerta está bien muerta, sino que sus propias
hermanas quedarán manchadas con la deshonra y
será difícil casarlas.
Cuando
se produce una denuncia, la mayoría de los padres
de la mujer instan a esta a volver al hogar de
su marido para evitar el rechazo social. La única
alternativa que les queda a las mujeres atemorizadas
que no son aceptadas por su propia familia es
acudir a uno de los refugios del estado para mujeres
maltratadas. Para colmo de males, sin embargo,
estos refugios están controlados por burócratas
sin escrúpulos y son conocidas sus desastrosas
condiciones de vida.
Así las
cosas, cobran un valor incalculable los casos
de mujeres que, en buena parte debido al apoyo
de sus familias, han tenido el coraje de desafiar
a los chantajistas y torturadores y a las infames
tradiciones opresivas. El más conocido es el de
Nisha Sharma.
En mayo
de 2003, esta programadora informática de 23 años,
se convirtió en una celebridad en la India después
de que denunciara a su novio y consiguiera que
la policía le arrestara. Nisha llamó a la policía
después de que la familia de su novio le exigiera
a su padre 20.320 euros por la dote pocos minutos
antes de la boda.
El novio,
Munish Dalal, parecía un buen partido y el padre
de Nisha había tomado contacto con él a través
de un anuncio en el periódico. Al principio, Munish
y su familia dijeron que no estaban interesados
en la dote, que se trataba de un matrimonio por
amor. Pese a todo, el padre de Nisha había comprado
un coche y docenas de cosas para la casa como
pago de la dote. Pero, cuando llegó el gran día,
repentinamente Munish y su madre, Vidya, exigieron
la mencionada cantidad de dinero.
La actuación de Nisha tuvo una gran repercusión
en los medios de comunicación y la joven obtuvo
abundantes muestras de solidaridad y apoyo desde
todos los rincones de la India. En los días siguientes,
el teléfono de su casa no paraba de sonar y recibió
una gran cantidad de cartas e invitaciones. Algunas
jóvenes le llamaban para pedirle consejo y docenas
de cartas contenían propuestas de matrimonio de
hombres que valoraban su postura.
El ejemplo
de Nisha cundió y en las semanas siguientes otras
tres mujeres de Delhi rechazaron el matrimonio
y denunciaron a sus novios.
Dar o
aceptar una dote es un delito castigado por la
Ley de Prohibición
de la Dote de 1961. Esta ley define
la dote como «toda propiedad o bien valioso que
ha sido entregado, o se ha acordado entregar,
directa o indirectamente, tal como se detalla
a continuación:
-
«(a)
por una parte del matrimonio a la otra parte;
-
«(b)
por los padres de una de las partes del matrimonio
o por cualquier otra persona a la otra parte
del matrimonio;
-
«(c)
a cualquier otra persona, antes, después o durante
el matrimonio en relación con el mismo».
Queda
claro, pues, que la ley prohibe tanto la dote
como el “precio de la novia”. Las personas que
incurran en este delito pueden ser condenadas
a cinco años de cárcel y multa de 282 euros o
la cantidad del valor de la dote si esta es mayor.
La ley excluye los regalos dados a la novia o
al novio si no ha mediado una exigencia de los
mismos.
La ley
dio escasos resultados y, ante el incremento de
los homicidios relacionados con la dote, varios
grupos de mujeres movilizaron a la opinión pública.
A comienzos de los años 80 la presión dio sus
frutos y el gobierno reformó
el Código Penal en 1986. Este contiene
ahora una sección que se refiere a «la muerte
de una mujer ocasionada por quemaduras o heridas
corporales o que tenga lugar en circunstancias
que no sean normales» y que se produzca «en los
siete primeros años del matrimonio», siempre que
«se demuestre que antes de su muerte fue sometida
a hostigamiento y crueldad por parte de su marido
o de los parientes de este por motivos relacionados
con la dote». Cuando se dan estas condiciones,
el Código Penal estipula que se ha producido una
«muerte por dote» y establece una condena de 14
años de cárcel.
En ese
mismo año de 1986, se creó una unidad especial
de policía cuya misión es informar, supervisar
y aplicar la legislación contra la dote.
Todas
estas novedades han tenido, no obstante, pocos
efectos prácticos. Gran parte de la sociedad india
sigue ignorando estas leyes, las condenas son
raras, los jueces siguen aceptando sobornos y
la policía sigue siendo ineficaz, cuando no permisiva.
En Delhi, por ejemplo, una ciudad de 14 millones
de habitantes, se ha creado una unidad especial
de lucha contra el crimen femenino que persigue
los delitos relacionados con la dote. Esta unidad
es claramente insuficiente en personal y recursos.
Un solo coche celular tiene que atender todas
las llamadas de denuncias contra la dote. El equipo
depende, además, de la colaboración de la policía,
que está sumida en la corrupción.
Aunque la gran cantidad de homicidios es la consecuencia
más espectacular de la dote, no es la única. Además
de la violencia doméstica, las mujeres de la India
están sufriendo otros efectos pavorosos de la
institución de la dote.
Los abortos selectivos y
el infanticidio femenino es uno de ellos.
Cada año se practican en la India alrededor de
dos millones de abortos selectivos que afectan
a fetos femeninos (Hitchcock
2001). En varias ciudades indias es habitual
ver anuncios que alientan a las mujeres embarazadas
a gastar poco más de nueve euros en un test de
embarazo para determinar el sexo del feto y “ahorrarse”
una dote futura de decenas de miles de euros.
El “ahorro” es, evidentemente, el aborto.
Un informe del Fondo de Población de la ONU del
año 2000 indicaba que el infanticidio femenino había
crecido dramáticamente en los diez años anteriores
y que las tasas de mortalidad
infantil eran un 40 por ciento más altas para las
niñas que para los niños. Parece que la
primera causa del infanticidio femenino es la pobreza,
pero la dote es la segunda. Algunas niñas
serán envenenadas, a otras se las dejará morir de
hambre o no se les proporcionará la atención médica
debida: por activa o por pasiva, su destino es morir
prematuramente. Tanto en el caso de los abortos
selectivos como en el del infanticidio
femenino, parece claro que una hija es considerada
como un “coste” inasumible para muchos. No solo
hay que mantenerla durante la infancia y la adolescencia,
sino que “desprenderse” de ella cuando llega a la
edad casadera puede ser prohibitivo. Los abortos
selectivos y el infanticidio femenino podrían haber
sumado, en los diez últimos años, hasta 27 millones
de vidas y potenciales vidas femeninas
(Ash
2003a).
Lo dicho
ayuda a comprender por qué la proporción demográfica
de sexos en la India refleja un excesivo desequilibrio
en favor de los hombres. Según el censo de 1991,
solo había 927 mujeres por cada mil hombres. Desde
entonces, la proporción ha mejorado ligeramente
y en el censo de 2001 aparecen 933 mujeres por cada
mil hombres. Pese a todo, la India está bastante
alejada de la media mundial, establecida en 990
mujeres por cada mil hombres (Madhok).
Por otro lado, a pesar de la citada mejoría, la
proporción de sexos entre la población menor de
seis años ha declinado severamente desde las 945
niñas en 1991 hasta las 927 de 2001 por cada mil
niños. Parece, pues, que el ligero reequilibrio
operado entre la población total se ha producido
a pesar del persistente incremento de la mortalidad
infantil femenina.
La causa
última de la institución de la dote y de las infames
consecuencias que está teniendo para las mujeres
indias hay que buscarla en la brutal marginación
e instrumentalización que sufren.
El
matrimonio en la India es un arreglo entre las
familias basado en intereses puramente económicos.
La dote, vinculada al matrimonio, es un
medio fácil para adquirir dinero y propiedades.
Los novios, y sobre todo la novia, no son sujetos
autónomos: sus deseos y posibles decisiones no
juegan ningún papel. La mujer es un mero instrumento,
tanto para la familia del novio como de la novia.
Estos se anuncian en la prensa como mercancías
dotadas de mayor o menor valor en un mercado indigno.
La mujer pasa de ser propiedad de su familia a
serlo de la familia de su marido. Y una vez casadas,
las mujeres son vistas como parásitos carentes
de todo valor.
Cuando
la mujer deja de ser útil, es decir, deja de servir
como instrumento de extorsión, se le mata. Si
sobrevive, lo hace en un medio en el que no se
le reconoce dignidad humana alguna. El persistente
sistema de castas es un enemigo atroz de la mujer
y de su dignificación. La mentalidad predominante,
las tradiciones y el control social de la comunidad
asfixian cualquier iniciativa o decisión disidente,
cuando no simplemente la descartan de entrada.
La mujer no tiene vida independiente ni
poder de decisión sobre su propia vida: se le
vende, se le tortura y se le mata… por dinero.
Este crimen
contra la humanidad, esta flagrante violación
de los derechos humanos, no es más que una expresión
más de la marginación y explotación de la mujer
en la India, cuya única función social es parir
y cuidar de los hijos.
Este país
tiene la segunda tasa de mortalidad materna más
alta del mundo (385–487 por cada 100.000 nacimientos
vivos). Cerca de 125.000 mujeres mueren cada año
por causas relacionadas con el embarazo. La pobreza
extrema, los matrimonios prematuros y la falta
de atención médica durante el embarazo son las
principales causas. En la India rural, casi el
60 por ciento de las chicas se casan antes de
los 18 años. Y casi el 60 por ciento de las chicas
casadas tienen hijos antes de los 19 años. Casi
una tercera parte de los bebés nacen ya malnutridos:
el 80 por ciento de las mujeres están anémicas
y el 58 por ciento reduce su alimentación durante
el embarazo, en lugar de aumentarla. Solo el 52
por ciento de las parejas en edad reproductiva
usa anticonceptivos. La mitad de los niños menores
de cinco años están malnutridos y el 70 por ciento
tiene anemia. Las principales causas de muerte
de las mujeres en edad de reproducir son la tuberculosis
y el embarazo, seguidas de los asesinatos por
la dote y los suicidios (Madhok).
El 54,16
por ciento de las mujeres indias no sabe leer
ni escribir. O, lo que es lo mismo, 245 millones
de mujeres, según datos del censo de 2001. Pero
es que la situación era todavía mucho peor hace
pocos años. En 1951, poco después de la independencia,
solo el 25 por ciento de los hombres y el 7 por
ciento de las mujeres estaban alfabetizados.
En 1991,
las mujeres representaban solo el 22,5 por ciento
de la fuerza de trabajo, pero constituían el 90
por ciento de las personas que trabajan en los
empleos marginales. El empleo total de las mujeres
en el sector organizado es solo del 4 por ciento.
La mayoría de las mujeres trabajan en la recogida
de combustible, forraje y agua,
o en labores agrícolas. Las mujeres rurales que
trabajan en la agricultura suponen el 78 por ciento
de todas las mujeres que tienen un trabajo regular.
Las trabajadoras cobran salarios un 30 por ciento
inferiores a los de los hombres.
El
90 por ciento de las mujeres casadas de
los estados de Uttar Pradesh y Jammu y Cachemira,
y alrededor del 80 por ciento de las que viven
en los estados de Bihar, Madhya Pradesh, Rajastán,
Haryana, Bengala Occidental, Andra Pradesh y Asam,
necesitan permiso de algún
varón, padre o marido, para poder visitar a sus
amigos y parientes.
En la
conferencia anual de la Asociación para el Desarrollo
de la India que se celebró en San Francisco el
25 de mayo de 2002 se lanzó la campaña
“Di no a la dote”. La
Sociedad Internacional Contra los Abusos de la
Dote y la Quema de Novias de la India (ISADABBI)
se creó en 1993 para concienciar a la sociedad
y ofrecer a las víctimas asesoramiento médico,
legal y judicial, así como refugios y servicios
de formación y rehabilitación. Women's Action
Research and Legal Action for Women (WARLAW) ofrece
ayuda legal a las víctimas de la dote, y el Lavanyamoyee
Craft Center de Asam lleva a cabo programas para
ayudar a las mujeres a ser autosuficientes mediante
cursos de capacitación.
Otros recursos son relacionados a continuación
Ash,
Lucy, 7 julio 2003a, Dying for
a dowry. BBC News.
http://news.bbc.co.uk/2/hi/programmes/ crossing_continents/3052318.stm
Ash,
Lucy, 16 julio 2003b, India's
dowry deaths. BBC News.
http://news.bbc.co.uk/1/hi/programmes/ crossing_continents/3071963.stm
Devraj,
Ranjit, 28 mayo 2003, Resistance to Dowry
Jolts India's Society. Able2Know.com.
http://www.able2know.com/forums/viewtopic.php?t=8016
Hitchcock,
Amanda, 4 julio 2001, Rising number of
dowry deaths in India. World Socialist Web
Site.
http://www.wsws.org/articles/2001/jul2001/ind-j04.shtml
India Times,
Dowry. Questions and Answers.
http://women.indiatimes.com/articleshow/184462.cms
Indianchild.com,
Dowry in India.
http://www.indianchild.com/dowry_in_india.htm
Madhok,
Sujata, Background & Perspective.
InfoChange India.
http://www.infochangeindia.org/WomenIbp.jsp
Reddy,
Shravanti, 7 noviembre 2002, Ancient practice
of dowry perpetuates violence against women in
India. Asia Observer.
http://www.asiaobserver.com/India-story2.htm
Thakur,
Himendra, Junio 1999, Are our sisters and
daughters for sale? India Together.
http://www.indiatogether.org/wehost/nodowri/stats.htm
Más allá de los asesinatos
de mujeres por cuestiones relacionadas con la dote,
los delitos contra las mujeres han crecido de forma
igualmente dramática: entre 1990 y 1996 lo hicieron
en un 56 por ciento. Las cifras oficiales hablan
de casi 150.000 delitos contra las mujeres en 2000.
Además de los asesinatos, estos delitos incluyen
violaciones y otras agresiones sexuales. También
están creciendo los asesinatos “por honor”, en particular
en el norte de la India. Los hombres y, sobre todo,
las mujeres que se casan con personas que no pertenecen
a su casta son asesinados por sus parientes o por
miembros de su casta, con el fin de salvar el honor
de su comunidad, casta o familia. Este tipo de asesinatos
representan alrededor del 10 por ciento de todos
los homicidios cometidos en los estados de Punjab
y Haryana. La mayoría de los “asesinatos por honor”
son ordenados por los panchayats, tribunales
informales compuestos por los más ancianos o la
elite de la casta, en los que no hay mujeres.
No debe colegirse de esta
afirmación que el autor de este reportaje sea contrario
al derecho al aborto; de hecho, soy partidario del
mismo. Tan solo pretendo informar del hecho, tremendo
en mi opinión, de que un criterio socialmente extendido
para abortar sea la pertenencia del feto al sexo
femenino, debido a que la futura vida femenina representa,
objetivamente, una carga económica excesiva, lo
cual no sucede con la futura vida masculina.
Solo el 62,3 por ciento de
los hogares de la India tiene acceso a agua potable:
el 81,4 por ciento de los hogares urbanos y el 55,5
por ciento de los rurales. Esto significa que las
mujeres, que son las encargadas de conseguir agua,
pasan gran parte de su tiempo acarreando agua desde
pozos distantes y otras fuentes.
© 2004 Javier Villate. Autorizada la reproducción
total o parcial de este documento, siempre que se
incluya esta nota legal y el URL original.
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