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Los
delitos contra el honor son el resultado
de unas determinadas raíces culturales, no
religiosas y pueden darse en cualquier parte
del mundo.
La
protección de las culturas minoritarias, no
puede cegarnos ante la tortura y la violación
de los derechos humanos.
Durante los últimos diez años este tipo
de violencia se ha manifestado con más claridad
en Europa, aunque tanto el reconocimiento como el
nivel de conciencia de estas situaciones varían
de un país a otro.
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V
I C T I M A S
La
mayoría de las victimas son mujeres
de comunidades o familias dominadas por
hombres. Las mujeres (hermanas y madres)
pueden también jugar un papel como
victimarias de esos crímenes; muchas
porque temen ser tratadas de igual forma
si rehúsan cooperar, y otras porque
creen también que el honor familiar
ha caído en desgracia.
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Las muertes por honor son, en definitiva, una reacción
brutal dentro de una familia contra alguien del que
se percibe que ha traído la “vergüenza”
sobre sus parientes.
Las
víctimas
son las mujeres que han realizado un acto calificado
de “conducta inmoral”. Lo que
constituye este deshonor depende enteramente de la
propia familia implicada, que puede ir desde usar
una determinada ropa, elegir una carrera que la familia
desapruebe, contraer matrimonio con alguien no perteneciente
a su comunidad, infidelidad matrimonial, rehusar contraer
matrimonios acordados, pedir el divorcio, coqueteos
reales o malinterpretados con hombres, recibir llamadas
telefónicas de hombres o “permitir”
ser violada.
En
realidad, la interpretación sobre lo que representa
una "conducta inmoral", acota y
limita los comportamientos permitidos a las mujeres,
que la familia y la sociedad circunscriben a la imposición
de roles y papeles patriarcales y que se sustentan
basicamente en un uso de la sexualidad de las mujeres
como valor de intercambio.
Son
considerados delitos relacionados con el honor:
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