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elcorreodigital.es 07/10/2005 GERARDO ELORRIAGA/BILBAO
Víctimas de la ley y la tradición
Algunos pediatras españoles se encuentran ante un grave dilema profesional. ¿Denuncian a las autoridades que la niña que atienden, hija de inmigrantes africanos, ha sufrido la ablación del clítoris o se limitan a asumir su función sanitaria evitando hacer preguntas? «No han hecho una labor preventiva, ni siquiera están formados y ante la obligatoriedad, hay quien alegado objeción de conciencia», advierte la antropóloga argentina Adriana Kaplan.
Desde su puesto en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha conocido casos y elaborado un original programa de intervención que cuenta con el beneplácito del Gobierno de Gambia, país de origen de buena parte de las afectadas en Cataluña. «Hemos elaborado una propuesta de ritual sin violencia».
La investigadora ha estado en Bilbao, invitada por la ONG Fundeso, para dar a conocer este proyecto. «A menudo, se olvida que la mutilación forma parte de un proceso iniciático que conlleva cierta transmisión cultural, realizada mientras cicatriza la herida, y otra de reconocimiento colectivo, de introducción en la sociedad secreta de las mujeres». La alternativa planteada elimina la primera fase y mantiene las restantes. «No se les puede decir que todo va contra los derechos humanos y eliminarlo, cuando forma parte de un proceso de identidad de género, muy integrado en su realidad».
El plan se ha materializado en un documental que ha vencido todas las reticencias del Gobierno de Banjul. «Al verlo se dieron cuenta que no era terrorismo social; es bello en sus imágenes y claro en el contenido, sin obviar nada». Durante diez años las autoridades habían vetado toda información al respecto. «Mujeres de la élite habían vuelto de Europa con trasnochadas ideas del feminismo radical y culpabilizaban de las atrocidades a las ancianas, generando conflictos».
La tradición se trasmite entre abuelas madres e hijas, y las más pequeñas incluso lo esperan con ilusión. «Porque cambian de estatus y estrenan ropa nueva, pero para las educadas en Occidente supone un grave trauma», matiza. La opinión del padre apenas cuenta y el respeto a los mayores complica los cambios.
Las familias asentadas en el extranjero creen que la ablación es buena para sus pequeñas, pero también son conscientes del rechazo en sus lugares de acogida, de ahí que recurran a las vacaciones para evitar complicaciones.
Sospechas
Según la científica, los colegios de Gerona, en contacto con fiscales y mossos de esquadra, comunican sus sospechas cuando se producen salidas e incluso, cabe la prohibición de viajar y establecer controles genitales periódicos. «Se conculca la libre circulación y el derecho a la intimidad de las menores», denuncia.
El trabajo de la antropóloga argentina y de otras entidades que trabajan con inmigrantes apuesta por el diálogo. «También se les hace llegar una carta con el membrete del Instituto Catalán de Salud o de los servicios sociales que los progenitores pueden esgrimir en su tierra de origen», señala. La presunta amenaza de la cárcel a la hora de regresar al hogar hace desistir a los familiares preocupados por perpetuar la costumbre.
En cualquier caso, los cambios de mentalidades exigen tiempo: «Hay que desmontar mitos». Para quien alega que se trata de una regla musulmana, se alega su inexistencia en la comunidades magrebíes, por ejemplo.
La idea de mantener la ceremonia evitando la mutilación ha sido bien acogida por los colectivos implicados. «Lo ven como la salida más digna que podían imaginar», señala. «Así se sienten como personas capaces de de tomar opiniones por sí mismos y no por la fuerza, ni tampoco se les considera individuos crueles que dañan a sus propias hijas». |